“Sin ingresos las instituciones no pueden hacer frente a salarios, insumos, alimentación o servicios básicos”, advirtió Pablo Molero, del Foro Permanente del sector. El problema no es solo económico: es sistémico. Adriana Salomone, representante de una institución, lo describió con una metáfora brutal: “Si quienes tienen que pagar frenan el tren de golpe, todo el sistema se paraliza. Es como ir a 180 kilómetros por hora y poner el freno de mano: nos matamos todos”.
