Novedades | Intervenciones: “Entre el Uno por Uno y el Trabajo entre Varios”


Lunes 12 de Junio de 2017

El Centro Educativo Terapéutica CETRe, de Capital Federal, es uno de los miembros socios de AIEPEsA. Este CET presenta un caso para mostrar algunas consecuencias clínicas de sus intervenciones, de cómo estas estructuras los convocan a pensar y trabajar con los enigmas y desafíos que les genera.

CETRe es una institución que se dedica a la atención de niños adolescentes y jóvenes cuyo modo de funcionamiento psíquico los deja por fuera de la circulación social. Se trata de sujetos en quienes el desarrollo de la autonomía y el lazo social se hallan profundamente comprometidos, por lo que muchos de ellos tienen un alto grado de dependencia para satisfacer sus necesidades básicas, al tiempo que rechazan el vínculo con el otro.

Nos orientamos por una modalidad de trabajo que no haga de la discapacidad un nombre, ni una forma de segregación. Esto implica tomar como eje de nuestras intervenciones las coordenadas de estructuración de la subjetividad en cada uno de los sujetos que tratamos, así como su relación con el otro y con el entorno.

Nuestra institución es parte y se inserta en una red social que incluye a la comunidad y a la familia como ámbitos de contención y afecto. Desde allí, apuntamos a construir modos de dar respuesta frente al padecimiento y a los problemas que se ponen de manifiesto, ya sea para el niño o joven, para su familia o para las instituciones por las que ellos transitan.

Concebimos al sujeto atravesado por múltiples variables. Por ello, nuestra institución está conformada por un equipo interdisciplinario, de manera que construimos un modo de atención integral, desde los diferentes aspectos que se ponen en juego en cada caso. Esto, implica definir una dirección de la cura, común a todas las áreas de trabajo, orientadas por la misma concepción y preservando sus herramientas específicas.

Hay alternancia entre el Uno por Uno del tratamiento individual e interdisciplinario con lo que E. Loran llama La práctica entre varios. Para nosotros, se trata de investigar, de poder captar de cada caso su lógica, que hace al abordaje clínico que orienta nuestro trabajo.

Orientándonos desde el psicoanálisis como praxis, trabajamos con sujetos aun allí donde se supone que no los hay, apostando a la emergencia del deseo, a su particularidad, sin borrar las diferencias. Esto es posible en equipo, desde la interdisciplina.

Viñeta Clínica B
Cuando B ingresó al CET en 2014, se quedaba la mayor parte del día llorando en la puerta y pidiendo irse con su mamá. A pesar de ser un joven de 16 años, se había escolarizado por primera vez a los ocho años y, en realidad, la madre refería que nunca había logrado adaptarse a las instituciones educativas. B contaba con pocas palabras para expresarse, le costaba incluso permanecer en su sala sentado como sus compañeros y aceptar la propuesta que los orientadores le hacían.

Su apariencia era la de un chico menor, con un aspecto desaliñado y que no siempre estaba acorde con la vestimenta necesaria de acuerdo a la estación del año. Cuando inicia el tratamiento psicológico individual a fines de ese año, ocurría que si se descuidaban un rato en la sala del CET, se sentaba en un rincón en el piso y hurgaba dentro de su nariz o en alguna zona lastimada de su cuerpo hasta sangrar.

Dado que en registro de lo real no hay agujero, se trata aquí de agujerear el cuerpo para extraer ese demasiado de goce que lo invade vía una automutilación.

Al preguntársele a la madre acerca de las actividades que le gustaban a B dice: “Hace lo mismo que yo, B es como mi sombra”. Se escucha aquí algo de la posición del sujeto como puro significado del Otro, ubicándolo como síntoma de Otro.

Esa frase que daba cuenta de la dificultad de separación entre ellos –puesto que uno y su sombra no hacen dos–, pero también daba una pista sobre cómo comenzar a intervenir. Tomando como punto de partida ese funcionamiento “en espejo”, se pudo empezar a trabajar con él.

Se le propuso a su orientadora de sala que lo sentara frente a alguno de los chicos que trabajaba con mayor facilidad, desde el espacio individual incluso se lo acompañó en algunos de los momentos en los que estaba trabajando en la sala, sin más intervención que realizar a su lado el trabajo propuesto por las orientadoras. Y en efecto, convocado de esta manera, sin dirigirle directamente una demanda, empezó a poder trabajar.

Solicitado en ocasiones como colaborador de la orientadora, empezó a encontrar un lugar en la sala, a poder permanecer y trabajar allí sin angustia y sin lastimarse.

Una conducta, sin embargo, empieza a volverse preocupante: rasgaba su ropa, la ropa de sus compañeros, las fundas de las colchonetas, rompía sus trabajos, los de los demás. Para los que nos orientamos por el psicoanálisis, no consideramos esa conducta como un “portarse mal” o una conducta desadaptativa a erradicar a como dé lugar, la consideramos en primera instancia como un enigma que es necesario poner al trabajo.

Y así, entre varios, fuimos armando una posibilidad de que esto ocurriera, tomando cada uno desde su espacio de trabajo la responsabilidad de hacernos cargo de las resonancias que se producían con los hallazgos que se iban encontrando en los otros espacios.

En el marco de las entrevistas familiares, fue convocada la madre con el fin de tratar de encontrar alguna razón de lo que a B le estaba ocurriendo, puede decir, no sin un arduo trabajo por parte de la coordinadora del dispositivo de investigar en el detalle, que el padre de B, a quien no veía desde hacía dos años, se dedicaba justamente a cortar telas para la confección y que tal vez esto que le estaba pasando, que tenía que ver con que lo extrañaba. Claro ejemplo de que la orientación del trabajo con los padres implica invitarlos a considerar que esas conductas son algo a leer.

En el tratamiento individual ese “cortar” se puso a trabajar, ofreciéndole distintos materiales a ser cortados, que después cosía, pegaba, empalmaba o suturaba de diversas formas. Hay en estas intervenciones una apuesta para que ese cortar se transforme y se desplace, una metonimia producida por una vía que no sea ni la del castigo, ni la del premio, sino la de reconocer en eso un signo de la singularidad del padecimiento del joven y una forma en la que, a falta del auxilio de las palabras, tratando con la materialidad de los objetos amplíe su circuito como modo de elaborar un sufrimiento.

Para los profesionales que trabajaban con el CET, su conducta tomó otro estatuto y se les propuso sancionar esa acción ofreciéndole reparar eso que rompía o que su mamá se lo ayudara a reparar en la casa.

Este trabajo produjo efectos notables. No solamente B dejó de cortar y romper, limitándose esta conducta a raras ocasiones en las que se podía interpretar que estaba francamente angustiado, si no que se produjo un cambio con relación a su cuerpo.

La madre refiere que empezó a poder bañarse solo, a ocuparse del cuidado personal y de su apariencia. Las conductas en las que llegaba a producirse heridas también desaparecieron. Prueba de que algo del cuerpo pudo constituirse, de que algo del esquema corporal se había armado para él.

Desde el psicoanálisis consideramos que tener un cuerpo es una construcción, de hecho se trata para el ser humano de poder perder el cuerpo biológico, dejar de ser un cuerpo para poder tener uno, la incidencia de lo simbólico hace que la identidad entre el cuerpo y el ser esté perdida.

En su lugar, se inscribe la dialéctica de las identificaciones, para poder interiorizar toda la serie de hábitos que conforman los usos que en cada cultura se hacen del cuerpo: cómo se construyen los diques del pudor, la vergüenza, el asco y cómo se velan ciertas partes, mientras se habilitan otras para la interacción con los otros.

  
Lic Pablo Igol
Centro Educativo Terapéutico CETRe
Autor del trabajo "Intervenciones: “Entre el Uno por Uno y el Trabajo entre Varios", expuesto en la 1ª Jornada Nacional de CETs, realizada en octubre de 2016 por AIEPEsA e ISalud.
 

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